De San Jacinto a la derrota de Walker
La unión de los partidos nicaragüenses, en el Acuerdo del 12 de septiembre, y el empuje de los ejércitos centroamericanos fueron decisivos para la victoria final contra el filibusterismo. La Batalla de San Jacinto significó un aliciente para los nacionales y un enorme desaliento para la Falange, la que, en adelante, se sintió más presionada hasta su derrota definitiva.
Recordamos tres acontecimientos de esta etapa: la quema de Granada, la toma de los vapores en el Río San Juan y el control de los ejércitos aliados.
La quema de Granada
En noviembre de 1856, Henningsen tomó el mando filibustero en Granada. Presionada en todas partes, la Falange debía concentrar sus fuerzas, porque, día a día, se debilitaba. A la presión militar se añadía la terrible peste, que tantos estragos causó en los combatientes.
Henningsen, cuando abandonó Granada, vengó su resistencia y, obedeciendo a Walker, ordenó su destrucción:
Orden de Henningsen a sus soldados
“Nuestro Jefe el Excelentísimo señor Presidente, Mr. William Walker, nos ha confiado el encargo de destruir esta ciudad, centro principal de nuestros enemigos. Ella, por sus muchos delitos para con nosotros, ha perdido el derecho de existir, y debe ser arrasada hasta sus cimientos. Id a hacerlo saber a sus moradores para que la desocupen este mismo día, permitiéndoles sacar únicamente lo que puedan llevar en sus manos. Todo lo demás es vuestro. A los que no quisieran obedecer buenamente esta orden, los haréis salir a la fuerza”.
Consumada su quema, Henningsen envió este lacónico parte a su Jefe:
Parte de Henningsen sobre el fin de Granada
Señor: En la tarde del 22 de noviembre de 1856 tomé posesión del mando de la ciudad y fuerzas de Granada. Sus órdenes fueron destruir Granada y evacuar la ciudad con todos los almacenes, artillería, enfermos, soldados y familias americanas y nativas. Su orden ha sido obedecida. GRANADA HA DEJADO DE EXISTIR”.
Llama la atención que Walker justificara tal barbarie, en el capítulo X de La Guerra de Nicaragua. Asegura que lo escrito en el cartel “AQUÍ FUE GRANADA” fue un acto de justicia. Sin embargo, fue una acción fría y premeditada, cobarde y vengativa de un hombre dolido porque se le hizo resistencia. Trató de golpear a los legitimistas en su símbolo más vivo: LA CIUDAD DE GRANADA y quiso dejar atizado el rencor entre ambos bandos nicaragüenses. Así lo demuestra, en el documento siguiente:
El Incendio de Granada: un acto justiciero
“Eran cerca de las dos de la madrugada del 14(diciembre, 1856) cuando todo estuvo a bordo del vapor. Al salir, el general Henningsen fijó en una lanza un cartel que decía: “AQUÍ FUE GRANADA”, palabras bien calculadas para atizar las pasiones de partido, no extinguidas aún en los antiguos legitimistas y demócratas. En tanto que uno de los partidos se lamentaba y gemía por la pérdida de su querida ciudad capital, el otro no podía contener sus sentimientos de triunfo y alborozo.
... En cuanto a la justicia de ese acto, pocos podrán discutirla; porque los habitantes de aquella ciudad debían vidas y haciendas a los americanos que estaban al servicio de Nicaragua y, sin embargo, se unieron a los enemigos que batallaban por expulsar de Centro América a sus protectores. Sirvieron a los enemigos de Nicaragua del modo más criminal, espiando a los americanos que defendieron sus intereses e informando de todos sus movimientos a los aliados.
Conforme a las leyes de la guerra, la ciudad había perdido el derecho de existir, y la conveniencia de destruirla era tan evidente como la justicia de la medida. Esta destrucción envalentonó a los leoneses, amigos de los americanos, a la vez que fue para los legitimistas un golpe del que no se han repuesto nunca. El cariño de los antiguos chamorristas por Granada era grande y peculiar. Amaban a su principal ciudad como a una mujer; al cabo de los años todavía asoman las lágrimas a sus ojos cuando hablan de la pérdida de su querida Granada. Y razón tenían de sentir tanto cariño por la ciudad, porque ésta les suministraba los recursos que les permitían mantenerse en el poder y dominar las pasiones exaltadas, como decían ellos, de los demócratas leoneses. La destrucción de Granada fue, por tanto, un gran paso hacia la destrucción del partido legitimista, y así consiguieron los americanos de Nicaragua poner fuera de combate a su enemigo más acérrimo y tenaz”...
Bloqueo del San Juan
Otro acontecimiento destacable fue la victoria del ejército costarricense cuando controló el río San Juan y el lago Cocibolca, ayudados por Vanderbilt y los ingleses. El 1 de noviembre de 1856, Juan Rafael Mora declaró el bloqueo al puerto de San Juan para cortar la ayuda a la Falange y amenazó con apresar los barcos que navegaban por el río. Esto dio su resultado pues, poco después, el 3 de enero, el ejército tico, en San Carlos, anunciaba su triunfo en la proclama de Joaquín Mora:
Proclama del General José Joaquín Mora
Centroamericanos: “El venero, que daba vida a la siempre renaciente hidra del filibusterismo, está cortado. Todos los vapores de que se servía el bandido Walker, y los puertos militares del río San Juan, están en mi poder, y bajo la custodia de los soldados costarricenses. No temáis ya que nuevas hordas de asesinos vengan a turbar vuestra tranquilidad por este lado.
Sólo restan a Walker unos pocos hombres abatidos ya por vuestras armas, y que privados de sus vapores, ni pueden hacer los rápidos movimientos que tanto les han favorecido, ni aún siquiera huir cuando los ejércitos aliados caigan sobre ellos.
¡Defensores de la santa causa de Centro América! Yo os invito a seguir la noble senda que habéis empezado con tanta gloria a recorrer; no resuene en vuestros corazones otra voz que la de patria; otro deseo que el de exterminar a nuestros feroces enemigos... Que jamás la fatal discordia venga a empañar nuestros triunfos ni a poner en riesgo nuestra santa y noble empresa. Las fuerzas de El Salvador, Nicaragua y Guatemala deben caer como un torrente sobre nuestros ya inermes enemigos…”.
Este acontecimiento arrinconó aún más a la Falange, porque se le obstruyó la principal arteria de abastecimiento. Tal hecho no pasó desapercibido a los leoneses quienes, llenos de júbilo, el 10 de enero, en una circular, agradecieron la toma de los vapores de Walker y el control del río y del gran lago:
Circular de los leoneses a los costarricenses
A los Costarricenses: El pueblo leonés os da un abrazo expresivo de eterna gratitud por los heroicos esfuerzos que habéis hecho por salvar a Nicaragua y a todo Centro América de las manos del vandalismo del peor de los tiranos, William Walker… En vuestras manos ha puesto visiblemente la Providencia la espada que ha de escarmentar… a ese dragón infernal; lo venceréis; lo haréis salir confundido del suelo de la Patria, predicando que Centro América no es un pueblo inculto como ha dicho…
Nosotros os felicitamos, nos felicitamos a nosotros mismos por el triunfo brillante de vuestras armas en la reconquista del Lago y del río San Juan, con pérdidas tan inmensas de parte de los enemigos…”
El ejército aliado y su Jefatura
Los militares aliados contra Walker vieron la necesidad de unificar sus tropas, para que cada una no actuara por su propia cuenta. Y, a petición del general Cañas, en enero de 1857, firmaron el Acuerdo de Nandaime, donde nombraron General en Jefe del ejército aliado al hondureño Florencio Xatruch.
Cuando la noticia llegó a León, el gobierno de Nicaragua envió una Nota, precisando que el nombramiento de Xatruch no abarcaba a los ejércitos nacionales de las repúblicas aliadas, e insistiendo en que su mandato era interino. Luego los generales centroamericanos lo sustituyeron por el general Mora.
Últimos momentos
A lo largo de 1857, los ejércitos de Nicaragua y de los aliados ejercieron una fuerte presión sobre la Falange, la que, muy desalentada, se aisló en la zona de Rivas. Una circular de Mora, de diciembre de 1856, ofreciendo el perdón y la repatriación, había producido efectos positivos, pues muchos desertaron e invitaron a sus compañeros a desertar. No obstante, la gran mayoría de la Falange permaneció fiel a Walker y, también, algunos nicaragüenses, porque en él cifraban el progreso de Nicaragua.
La captura de un barco con refuerzos filibusteros de California, la toma de San Jorge, los ataques constantes a la ciudad de Rivas, la ocupación del puerto de San Juan del Sur, fueron acciones con las que los centroamericanos iban ganando la partida al ejército de Walker.
Fin de la Guerra Nacional
Como todo, la Guerra Nacional llegó a su fin. Con la causa perdida, Walker contactó con el Capitán Davis, a través de Henningsen, y, solucionadas algunas dificultades, Walker y Davis, el 1 de mayo, en Rivas, firmaron un convenio, que daba suficientes garantías al filibustero para retirase de Nicaragua sin peligrar su vida. Firmado el convenio, Walker capituló. LA GUERRA NACIONAL HABÍA ACABADO. La PATRIA CENTROAMERICANA había triunfado.
Convenio entre Walker y Davis
1º.- El General Walker, con 16 oficiales de su estado mayor, marcharán de Rivas, con sus espadas, pistolas, caballos y su equipaje personal, bajo la garantía del Capitán Davis, de la marina de los Estados Unidos, sin que sean molestados por el enemigo y siéndoles permitido embarcarse a bordo del buque de guerra de los Estados Unidos Santa María, en el puerto de San Juan del Sur, obligándose el Capitán Davis a trasportarlos seguramente en el Santa María a Panamá.
2º.- Los oficiales del ejército del General Walker, marcharán de Rivas con sus espadas, bajo la garantía y protección del Capitán Davis, que se obliga a trasportarlos seguramente a Panamá, bajo el cargo de un oficial de los Estados Unidos.
3º.- Los soldados, oficiales subalternos, ciudadanos y empleados de los departamentos, heridos y sanos rendirán sus armas al Capitán Davis o a uno de sus oficiales…
4º.- El Capitán Davis obtendrá garantía y con ella garantiza a todos los hijos de Nicaragua o de la América Central ahora en Rivas, y entregados a la protección del Capitán Davis, se les permite vivir en Nicaragua y que serán protegidos en sus vidas y en sus propiedades…”.
No obstante la capitulación, Walker pensó regresar a Nicaragua, según las palabras dirigidas a sus compañeros, con las que concluye La Guerra de Nicaragua:
“Tened ánimo, no os descorazonéis ni perdáis la paciencia; porque es seguro que a la postre triunfarán nuestros trabajos y esfuerzos. No tenemos donde escoger: el honor y el deber nos mandan seguir adelante por el camino que emprendimos, y no podemos desoír la orden. Por los huesos de los muertos que yacen en Masaya, Rivas y Granada, yo os suplico que no abandonéis nunca la causa de Nicaragua. Que vuestro primer pensamiento al abrir los ojos por la mañana y el último al cerrarlos por la noche sea el de conseguir los medios para volver a la tierra de donde nos trajeron injustamente. Y con sólo que seamos fieles a nosotros mismos, aún es tiempo de que todo termine bien”.
Volvió, pero fue capturado, sentenciado y muerto en Honduras, y acabó definitivamente la aventura filibustera.
Acción de gracias
Al acabar felizmente la guerra, en esta sociedad cristiana, no podía faltar la acción de gracias a Dios con Misa Solemne y Te Deum, y, el 6 de mayo, así lo decretó el presidente:
“El Presidente provisorio de la República de Nicaragua a sus habitantes: Debiendo tributar al Ser Supremo el homenaje de nuestro humilde reconocimiento, por los triunfos adquiridos contra la horda filibustera que amagaba arrebatarnos nuestra independencia y libertad; ha tenido a bien decretar y DECRETA:
Art. 1º.- Se celebrará en la Iglesia Catedral el domingo 10 del corriente, una misa solemne, con TE DEUM, en acción de gracias al Todo Poderoso por los triunfos que se han adquirido a favor de la patria. La misa se cantará por la primera dignidad eclesiástica, y asistirán a ella todas las corporaciones y las autoridades civiles, militares y de hacienda.
Art. 2º.- En las demás iglesias parroquiales, esta función tendrá lugar el día festivo inmediato a la recepción de este decreto, por los respectivos Señores Curas….
A las fiestas religiosas precedieron y siguieron vítores, cohetes, retoque de campanas y toda la alegría que siempre ha caracterizado al pueblo de Nicaragua y Centroamérica. |