El diccionario de la RAE, en su versión electrónica define el significado de la palabra sesquicentenario como: “Día o año en que se cumple siglo y medio del nacimiento o muerte de una persona ilustre o de un suceso famoso”.
En todas partes del mundo se acostumbra celebrar los sesquicentenarios con gran solemnidad, mucho más que los aniversarios ordinarios. Y traemos esto a colación, porque en el presente año 2006, exactamente el 14 de septiembre, será el sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto, uno de los dos acontecimientos históricos —el otro es el aniversario de la Independencia Nacional, el 15 del mismo mes de septiembre— que se celebran oficial y popularmente como las Fiestas Patrias de Nicaragua.
De manera que faltan apenas dos meses y 10 días para el sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto. Sin embargo ninguna de las instituciones que se supone deben ser las encargadas de organizar esta celebración —el Ministerio de Educación y el Instituto de Cultura de Nicaragua— ni el Gobierno en términos generales, ha dicho ni informado nada al respecto.
Para Nicaragua, la Batalla de San Jacinto entre tropas nicaragüenses y filibusteros estadounidenses fue el capítulo más glorioso de la Guerra Nacional, como se le llama en la historia a la campaña militar que los cinco países de Centroamérica libraron victoriosamente, en territorio nicaragüense, contra las huestes de William Walker. Es decir que a la guerra de 1854 a 1857 no se le llama nacional sólo porque fue de Nicaragua contra una fuerza extranjera, sino porque involucró a todos los países centroamericanos en una época en la que nuestra nacionalidad se definía por la pertenencia a Centroamérica en su totalidad y no a alguna de sus partes componentes.
Así lo explicó para LA PRENSA el Secretario de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, doctor Jorge Eduardo Arellano, y de esa manera lo señala el historiador nicaragüense fallecido en mayo del año 2005, doctor Alejandro Bolaños Geyer, en su obra William Walker el predestinado: “La Guerra Nacional se llamó así por haber reunido el sentimiento de la desmembrada nacionalidad centroamericana, juntando a los cinco países (Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua) contra el filibusterismo esclavista y anexionista que encarnó William Walker”.
Como sea, para los nicaragüenses la Guerra Nacional se resume simbólicamente en la Batalla de San Jacinto que libraron heroicamente las tropas de Nicaragua encabezadas por el coronel José Dolores Estrada, después ascendido a General de la República y proclamado como Héroe Nacional. Y la Batalla de San Jacinto es una de las dos Fiestas Patrias que todos los nicaragüenses, sin distingos políticos, ideológicos, religiosos, económicos, sociales y culturales, debemos celebrar fervorosamente porque es uno de los pocos puntos de unión de todos los nicaragüenses.
El sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto debería ser celebrado de una manera especial, con exclusivo sentido patriótico y sentimiento nacional, haciendo a un lado las pequeñeces y sectarismos políticos de la campaña electoral, colocándonos todos bajo la cobertura y auspicio de la Bandera Nacional. ¿Es esto mucho pedir en Nicaragua?
En realidad, tanto porque la tradición confiere una gran importancia y significación a la celebración de centenarios y sesquicentenarios de hechos y fechas memorables, como por la situación política coyuntural —electoral— que hay en el país actualmente, la celebración de este aniversario de la Batalla de San Jacinto debería hacerse en la forma más patriótica posible, al margen de banderas y sectarismos partidistas.
Precisamente por eso mismo expresamos nuestra preocupación ante el vacío de iniciativas y de programas, o al menos de información oficial acerca de preparativos para la celebración del sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto, si es que los hubiera.
Algunos observadores nacionales y extranjeros consideran que salvo excepciones luminosas los políticos de Nicaragua son irredentos e incorregibles. Lamentablemente los hechos inducen a pensar de esa manera, pero no hay que perder la esperanza en que algún rasgo de interés nacional pudiera todavía albergarse en la metalizada conciencia de los políticos nicaragüenses. Y una celebración ampliamente nacional de las Fiestas Patrias y particularmente del sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto, podría aprovecharse para presionar a los políticos a que en esta coyuntura electoral piensen un poco más en el bien nacional y un poco menos en sus particulares intereses.