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agosto de 2006
San Jacinto: primera derrota del esclavismo en América
Texto: JEAFotografías Jaime Incer B.AGHN/ Comité del Sesquicentenario

Luis Vergara y Ahumada: “La pedrada de Andrés Castro” (1956), Mural al Óleo conservado en la hacienda. /

 

El combate de San Jacinto fue el resultado de seis meses de resistencia al filibusterismo del “Ejército del Septentrión”, organizada en Chontales y el Norte del país por los jefes, oficiales y tropas legitimistas, quienes declararon en Matagalpa, el 20 de abril de 1856, estar dispuestos “a sostener, hasta derramar la última gota de sangre, la independencia nacional”

Quienes ignoran este origen inmediato, no ubican correctamente la memorable “batalla”, que no lo fue en términos específicos, pero reveló el arrojo combativo de esta fuerza y demostró la vulnerabilidad del ejército walkerista, entusiasmando a los ejércitos aliados, ya dispuestos a expulsar a Willian Walker y que, desde antes del 12 de septiembre de 1856 —fecha de la unión de los partidos locales en pugna—, acampaban en León.

En el siguiente reportaje, sintetizamos los antecedentes más remotos de San Jacinto y el desarrollo de sus acciones: la del 5 y la del 14 de septiembre, no sin recordar que fue el primer encuentro bélico de la Guerra Nacional (y probablemente el único) en el que se enfrentaron sólo nicaragüenses contra norteamericanos. En otra oportunidad, dedicaremos un reportaje a la figura de Estrada y a su trascendente proyección en la historia de Nicaragua.

I. Antecedentes

En 1850 el Reino de España reconoció a Nicaragua “como nación libre, soberana e independiente” en el Tratado de Paz y Amistad, firmado en Madrid el 25 de julio de ese año. Entonces, nuestro país se vislumbraba como futuro centro de comunicación y comercio del mundo a través de la soñada ruta del Canal Interoceánico. Los políticos, comerciantes e intelectuales del siglo XIX creían en dicho proyecto como panacea colectiva y nacional. Al principio, desconocían cuál de las potencias extranjeras podía construirlo, dado que esa posibilidad estaba muy por encima de las capacidades técnicas y económicas de Centroamérica. Pero con la llegada de Ephraim George Squier en junio de 1849 —como Enviado especial de Estados Unidos— nadie dudó que ese destino estaba reservado a la potencia del norte.

Squier suscribió en León, el 3 de septiembre de 1849, un tratado por el cual esa potencia emergente —que desde 1823 había declarado ante Europa su área de influencia todo el continente americano— se comprometía a construir el canal por Nicaragua; sin embargo, el Senado no lo ratificó. Tres años después aparecía en dos volúmenes ilustrados su libro Nicaragua: Its People Scenary, Monuments (Nicaragua: Sus Gentes, Paisajes, Monumentos….), una obra totalizadora acerca de nuestra tierra, a la que vio con suma simpatía, considerando muy posible que cayera bajo la influencia norteamericana. De ahí que algunos suspicaces hayan afirmado que la lectura del libro de Squier realizada por William Walker incitó a éste para venir a Nicaragua en plan de conquista. Lo cierto es que el ex diplomático simpatizó con la aventura esclavista del sureño en una carta pública.

1. El tratado Clayton-Bulwer

La misión oficial de Squier en Centroamérica consistía en disputarle a Inglaterra en representación de Estados Unidos, el dominio que aquella nación —“reina de los mares”— ejercía secularmente sobre La Mosquitia nicaragüense. El resultado de su gestión fue la firma el 19 de abril de 1850 del tratado Clayton-Bulwer, en el que ambas potencias renunciaban a la exclusividad de derechos sobre un futuro canal por el río San Juan y prometían no ocupar Nicaragua ni Costa Rica ni La Mosquitia. De momento, el tratado ponía fin a esta controversia.

Para esos años, la política exterior norteamericana era notoriamente expansiva. El argentino Domingo Faustino Sarmiento, en su libro Vida de Lincoln, la resumía: “La esclavitud buscó espacio para extenderse hacia el sur sobre Texas por la anexión; sobre México por la conquista, y sobre Centroamérica por el filibusterismo”. Mas no sólo la esclavitud constituía la cara dura de esa política. La otra se encontraba en el intercambio comercial —al lograrse acuerdos con todos los estados centroamericanos— y en la apertura interoceánica.

2. La fiebre del oro de California

Un suceso que conmocionaría a Estados Unidos, de norte a sur y de este a oeste, se había dado en 1848: el descubrimiento fabuloso del oro. Se inició, en consecuencia, el peregrinaje de multitudes hacia California, territorio usurpado a México en 1846. A medida que volaba la noticia, crecía el interés por trasladarse a las zonas auríferas. De ahí que surgieran las tres rutas más rápidas y seguras: la de Tehuantepec en México, la del río San Juan en Nicaragua, y la del istmo de Panamá.

La gran afluencia de viajeros a través de Nicaragua explica que el 27 de agosto de 1849 la Atlantic and Pacific Ship Canal Company —una compañía privada, cuyo mayor socio era Cornelius Vanderbilt— obtuviera del gobierno de Norberto Ramírez la concesión exclusiva de construir el canal y de explotar la ruta de pasajeros hacia California. Vanderbilt, en su barco ‘Prometheus’, llegó a San Juan del Norte inaugurando la Accesory Transit Company, con un viaje desde Nueva York, cuyos pasajeros arribaron a San Francisco, California, el 30 de agosto de 1851. En total, de 1851 a 1857, transitaron la ruta de Nicaragua, del Atlántico al Pacífico, 56,812 pasajeros, y viceversa 50,802.

El oro de California favoreció la economía del país que, predominante sin experimentar cambios sustanciales desde la época colonial, no pasó de ser predominante una economía de subsistencia. La población minera de aquella región, careciendo de lo necesario para alimentarse, hizo que vinieran a nuestra costa del Pacífico muchos barcos en busca de víveres. Y sólo en 1850, por el puerto El Realejo se exportaron 16,000 quintales de maíz y 14,000 de arroz, 11,922 galones de miel de abejas, 80,000 varas de tablas de cedro y 110,000 puros, entre otros artículos.

3. Mister Claim en San Juan del Sur

Mas el financiamiento de la Compañía Accesoria del Tránsito sería fatal. “Se mete en todo el tránsito sin respetar ley”, informó Evaristo Carazo; y en última instancia, estimularía el filibusterismo. En efecto, el 8 de octubre de 1851 fue denunciado un tal Mister Claim, reconocido en León como coronel, que intentó en San Juan del Sur, acompañado de otros norteamericanos, reclutar a sus coterráneos que se encontraban de tránsito, ofreciéndoles en pago —de triunfar la facción a la que servía— “unas considerables extensiones de terrenos, en donde ellos lo tuvieran por conveniente, y 15 pesos mensuales pagaderos en Granada”. Sin embargo, esa aventura cuasifilibustera no pasó de una escaramuza, resultando “tres americanos muertos y unos heridos y de nuestra parte heridos tres soldados, de los cuales ha muerto uno”.

4. El tratado Crampton-Webster contra Nicaragua

Al año siguiente, Estados Unidos e Inglaterra acordaron secretamente el codominio de la ruta canalera despojando a Nicaragua de la Costa Atlántica, del río San Juan y de la costa sur del Gran Lago. Pero a las pocas semanas de firmarse ese acuerdo en Washington, el 30 de abril de 1852, el Ministro de nuestro país José de Marcoleta ejecutó varios actos audaces que culminaron en la anulación de ese documento llamado Crampton-Webster. Por ello el gobierno norteamericano pidió de inmediato el retiro de Marcoleta.

5. El esclavismo de los Estados del Sur

Una división cundía entre los Estados Unidos del Norte y los del Sur, favorecidos por la apertura de vastas extensiones de tierra en el sureste de Estados Unidos y la invención de nuevas técnicas en el cultivo y preparación del algodón. Para los primeros, anexar territorios era lo primordial; para los segundos, construir un imperio esclavista en el Caribe y ponerlo a la orden de los Estados del Sur.

6. Walker y su mentalidad

William Walker —sureño establecido en California— fue uno de sus propugnadores. Las invasiones que dirigió a México y Nicaragua se inscribieron en ese proyecto. El 3 de noviembre de 1853 declaró “libre” el Estado de Baja de California. Lo mismo hizo el 18 de enero de 1855 cuando se autoproclamó “Presidente de la República de Sonora”. Entregándose en la frontera con México, Walker fue conminado a presentarse en San Francisco para responder al cargo de haber infringido la Ley de Neutralidad de su país. Enjuiciado cinco meses después, argumentó que él y sus hombres habían deseado “liberar de un gobierno corrompido al sufrido pueblo de Sonora y protegerlo contra las incursiones de los feroces apaches. Al igual que los Padres Peregrinos —dijo—, habían llegado a una tierra de salvajes a rescatarla de ellos y a convertirla en un hogar de garantía y de paz para gente civilizada”.

Abanderado esclavista del sur estadounidense, Walker era un filósofo del Destino Manifiesto: corriente mesiánica que planteaba la incapacidad de los países hispanoamericanos de gobernarse a sí mismos; un adalid de la expansión imperial, seguidor implacable de la teoría del conde de Gobineau sobre la supremacía de la raza blanca (…) Su libro, The War in Nicaragua, es una maravilla exegética sobre la esclavitud: los blancos, dueños del mundo, porque han sido bendecidos por Dios con la inteligencia; los negros, sus esclavos, porque tienen fortaleza para trabajar: blancos y negros, inteligencia más músculo; los mestizos —haraganes inservibles— deben ser exterminados.

Ninguna de las fuerzas políticas nicaragüenses conocían los antecedentes y la mentalidad de Walker. Las ciudades-estado de León y Granada luchaban encarnizadamente por controlar el aparato del Estado e imponer su dominio regional. El hecho de que el granadino Fruto Chamorro fuera electo Director Supremo en 1853 y tomara decisiones que según sus opositores leoneses les afectaban, fue el detonante que haría posible la presencia de Walker y sus filibusteros.

7. La guerra civil de 1854

Francisco Castellón y Máximo Jerez figuraban entre quienes se habían propuesto impedir que Chamorro continuara en el poder, especialmente después que anunció una nueva Constitución, a fin de que el período gubernamental se extendiera a cuatro años. Con esta medida, los opositores veían alejarse demasiado su esperanza de llegar al gobierno. En la conspiración contra Chamorro tomaba parte la Compañía Accesoria del Tránsito que en junio de 1852 había repartido dividendos a sus socios, sin deducir el diez por ciento que correspondía a Nicaragua; en realidad, nunca los pagó, pese a los intentos de arreglo exigidos por Chamorro desde antes de que iniciara su mandato.

La guerra civil era indetenible. Las fuerzas del gobierno provisional de Castellón fueron reconocidas por la Compañía de Vanderbilt. Situadas en León, tomaron el nombre de Democráticas, y su divisa era una cinta roja con la inscripción: Ejército Democrático. Los defensores del gobierno de Chamorro, con su sede en Granada, se llamaban Legitimistas. Una cinta blanca, con la leyenda: Legitimidad o Muerte, los distinguía.

Cuando las fuerzas rebeldes se deterioraban cada vez más, sus líderes dispusieron contratar soldados mercenarios. Así, el 28 de diciembre de 1854 otorgaron una concesión de colonización a Byron Cole, que éste traspasaría a Walker. Como resultado de ello, el último llegó al puerto El Realejo, en la costa nicaragüense del Pacífico, el 16 de junio de 1855.

8. La primera batalla de Rivas

Al mando de 57 hombres, Walker se entendió con el gobierno provisorio de León, donde estuvo varios días, regresó a El Realejo y se dirigió por mar a la costa de Rivas, reforzado con 110 democráticos. Desembarcó en El Gigante y el 28 de junio, en una escaramuza, tomó el poblado de Tola; al día siguiente, entraba en la ciudad de Rivas y era rechazado por las tropas legitimistas. Dos cívicos se destacaron entre las filas de los defensores: Enmanuel Mongalo y Felipe Nery Fajardo. El primero tenía 21 años y se ganaba la vida como maestro; el segundo era un humilde joven granadino.

La desigualdad de las armas hay que tomarla muy en cuenta en esta acción. Porque los rifles Winchester de repetición y los revólveres Colt de los filibusteros tenían mayor poder de fuego que los fusiles de chispa de los improvisados defensores de Rivas. Y también sus resultados: más del 40 por ciento de los legitimistas quedaron fuera de combate: 25 muertos y 28 heridos; los filibusteros, por su lado, tuvieron 11 muertos y 7 heridos.

9.La ambición de Walker: “Five or none”

Walker retornó al istmo de Rivas. Enterados de que Granada carecía de defensa, capturó el 11 de octubre de 1855 el vapor La Virgen, de la Compañía Accesoria del Tránsito y cayó sorpresivamente, dos días después, sobre la capital legitimista. Con esta toma se hizo dueño de la situación y comenzó a revelar sus verdaderos intereses. Impuso como Presidente a Patricio Rivas, el 23 de octubre, reservándose la Comandancia de las Armas. La resistencia de los legitimistas no se hizo esperar y, posteriormente, la de los democráticos.

El 26 de junio de 1856 el presidente Rivas destituyó al filibustero, ya decidido a convertir a Centroamérica en un territorio al servicio de la causa esclavista del sur de Estados Unidos, tal como se leía en el lema escrito en la bandera del primer batallón que mandaba el coronel filibustero Edward J. Sanders: “Five or none”, es decir, las cinco repúblicas centroamericanas o ninguna. El gobierno de Rivas fue reconocido por Guatemala, El Salvador y Honduras, países que lo respaldaron enviando a León los ejércitos aliados de Centroamérica que, con el sostenido apoyo de Costa Rica y el coraje de nuestro pueblo, expulsaron al usurpador.

10. Walker y su “presidencia” espuria

El filibustero se hizo “elegir” Presidente el 12 de junio de 1856, a raíz de un remedo eleccionario controlado por sus hombres —casi todos extranjeros— y circunscrito a los departamentos de Granada y Rivas. Su administración espuria se manifestó en tres decretos: la publicación de las leyes en español e inglés, lo cual “tendía a hacer caer la propiedad de las tierras baldías nacionales en manos de los individuos de habla inglesa” —según sus propias palabras—; la confiscación de las propiedades de sus enemigos legitimistas (75 haciendas y 42 casas), destinadas a sus hombres, y el restablecimiento de la esclavitud —que se limitaba a las etnias de origen africano—, ya abolida en 1824 por la Asamblea Constituyente de Centroamérica.

El 12 de septiembre de 1856 se unieron los partidos en pugna. El 14, el coronel José Dolores Estrada derrotó a la “falange americana” en San Jacinto, hacienda recién confiscada a la familia Bolaños. El 5 de marzo de 1857 el general Fernando Chamorro —al mando de “nicas y ticos”— venció al coronel filibustero Sanders, en El Jocote, sobre la ruta del Tránsito. Y, tras otros encarnizados combates, los aliados acorralaron en Rivas a Walker, quien partió de San Juan del Sur protegido por la bandera norteamericana, el 1 de mayo de 1857.

II. Las dos acciones: 5 y 14 de septiembre

Sin el contexto anterior no se puede comprender la batalla de San Jacinto, el 14 de septiembre de 1856, precedida de un primer rechazo el 5 del mismo mes a los filibusteros, quienes dejaron seis muertos en el campo. Los defensores sufrieron un muerto y tres heridos. Habiendo reconcentrado a casi todos sus soldados dentro de la hacienda, las pérdidas del coronel José Dolores Estrada fueron mínimas. En su auxilio, el 11 llegó a San Jacinto un contingente de indios flecheros de Matagalpa; pero no quedó prueba documental de que hayan participado en la acción.

Desde el 12 de septiembre los filibusteros organizaron en Granada otra expedición a San Jacinto, comandada por Byron Cole. Por lo menos 65 filibusteros (probablemente más) llegaron a las cinco de la mañana y se detuvieron unos momentos para disponer el plan de ataque. Este tuvo dos momentos: el primero de tanteo por las tres columnas —dirigidas por los oficiales O’Nelly, Watkins y Milligan—; y el segundo de penetración por el punto vulnerable: la trinchera del lado izquierdo de los defensores.

Éstos se organizaron también en tres grupos, aprovechando las características del sitio, rechazando tres veces la embestida; a la cuarta, Estrada concibió un efectivo movimiento envolvente, enviando a Cisne, Siero y Fonseca con 17 hombres detrás de la casa-hacienda, para atacar sorpresivamente por el este. “La retirada de los voluntarios de San Jacinto —reconoció el mismo Walker— fue irregular y desordenada”. A raíz de ella, el jefe de los filibusteros e iniciador del movimiento esclavista en Nicaragua, Byron Cole, fue muerto por unos campesinos que lo capturaron después del combate en el que la superioridad del número y de las armas fue desvirtuada por el ardor patriótico y la habilidad táctica de los nicaragüenses.

Aunque el número de los combatientes y de las bajas fueron apreciablemente mayores en otras acciones de la guerra contra Walker, la de San Jacinto no cede el primer lugar a ninguna en importancia. Los dos combates de San Jacinto, considerados como una sola batalla en dos etapas, fueron los únicos de la Guerra Nacional en que nicaragüenses y norteamericanos se enfrentaron sin auxiliares, quedando una resonante victoria de los “nicas”. Es por ello que ha pasado a ser el acontecimiento más memorable en la historia patria nicaragüense; y siempre se revive la orden espartana de Estrada: ¡“Firmes, firmes hasta caer el último”! Andrés Castro, quien derribó a un filibustero de una pedrada al faltarle fuego a su carabina, se inmortalizó como espléndido símbolo de esa lucha desigual que elevaría la moral de la resistencia patriótica, organizada desde el norte de Nicaragua.

En su parte oficial, el comandante de la División Vanguardia y de Operaciones del Ejército del Septentrión, coronel José Dolores Estrada, afirmó el propio 14 de septiembre: “Yo me congratulo al participar el triunfo adquirido en este día sobre los aventureros”. Veintisiete bajas tuvieron los filibusteros (12 heridos y 3 desaparecidos) contra cincuenta y uno de los defensores. Añadía Estrada: “Se les tomaron, además, 20 bestias, entre ellas algunas bien aperadas (…); 25 pistolas de cilindro y hasta ahora se han recogido 37 rifles, 47 paradas, fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios papeles que se remiten”.

La gesta de San Jacinto perdura en la memoria de los nicaragüenses y su principal héroe —“Tata Lolo” Estrada, entonces de 65 años— se ha glorificado. En Masaya fue recibido bajo un triunfal arco de flores el 6 de octubre de 1856. El gobierno de Nicaragua lo nombró General de Brigada el 25 de julio de 1857 y los Guatemala, El Salvador y Costa Rica le otorgaron condecoraciones en 1858. Dos años después, unos amigos iniciaron en Managua la conmemoración de la batalla, mediante suscripción pública; y en 1861 ya se celebraba el 14 y el 15 de septiembre en Granada “con el júbilo digno de tan grandiosos recuerdos”. Durante el paseo callejero con música, se pronunció este brindis en verso: Al invicto General / Que en su luciente acero / Enseñó al filibustero / Lo que es la Libertad; / Dediquemos esta fiesta / En ese día de gloria / Y que dure su memoria / Por toda la eternidad.

 
 
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