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29 de agosto de 2006
Prólogo
Emilio Álvarez Montalván
Presidente honorario/AGHNMiembro/Comisión del Sesquicentenario

Ejecución de Walker en Trujillo, Honduras, el 12 de septiembre de 1860. Dibujo de Arnoldo Guillen (1956). (ILUSTRACIONES TOMADAS DEL LIBRO DE ROSENGARTEN Jr.)

 

La Comisión del Sesquicentenario de la Batalla de San Jacinto (1856-2006) acogió la iniciativa de la AGHN de reeditar la versión española de la obra de Frederic Rosengarten, cuyo original inglés fue publicado en 1976: Freebooters must die! (Los filibusteros deben morir).

Varios años consagró su autor a investigar el tema de William Walker en archivos y bibliotecas norteamericanas. Viajando a Nicaragua encontró interlocutores como Luciano Cuadra y Alejandro Bolaños Geyer, el más versado en la Guerra Nacional, quien le suministró nuevos datos. El agradecimiento de Rosengarten a Bolaños Geyer consta en el preámbulo de su libro.

Sintético, estrictamente apegado a los hechos y sin ninguna tendencia apologética, este libro significó un salto cualitativo en la historiografía norteamericana acerca del período estudiado. Atrás quedaron los importantes aportes de William O. Stroggs: Filibusters and Financiers (1916) y de Albert Carr: The World and William Walker (1963), ambos traducidos al español en Nicaragua por Luciano Cuadra el primero, y el segundo por Orlando Cuadra Downing.

Los filibusteros deben morir no se concentra en la figura de Walker, heraldo del Destino Manifiesto. Presenta a sus predecesores inmediatos: el Conde Gastón Raousset-Boulbon (1817-54) y Henry A. Crabb (1823-57), compañero de Walker en la escuela de Nashville; los tres fracasaron en sus sendas expediciones filibusteras que pretendieron apoderarse del Estado mexicano de Sonora y fueron fusilados. Walker lo fue en Trujillo, Honduras, al intentar una vez más regresar a Centroamérica para “regenerarla”, concepto que equivalía a la exterminación de la raza mestiza e implantar la esclavitud controlada por blancos de los estados sureños de su expansivo país.

Al contrario de sus colegas norteamericanos, Rosengarten enfoca a Walker de manera ecuánime. Sin desconocer sus no comunes facultades intelectuales, juzga al filibustero en su justa medida y, por supuesto, no justifica sus “ideales”. No elabora un panegírico ni una caricatura. Lo contextualiza en su época, cuando el término filibustero (filibuster o freebooter) se concebía como sinónimo de soldado de fortuna o mercenario, especialmente como aventurero, saqueador o “pirata terrestre”.

Observa Rosengarten, atinadamente, que la obsesión de Walker era más de poder que de riqueza. Creía estar destinado a una misión que cumplir y que la realizaría con el poder, mejor dicho, imponiéndose como dictador de un imperio esclavista en la región. Fue el último —concluye— y más grande de los filibusteros. De 1850 a 1856, ellos tuvieron que vérselas con los tribunales de Estados Unidos, aún cuando el consenso general de la nación los veía con simpatía y algunos los consideraban héroes.

La Guerra Civil norteamericana interrumpió la actividad filibustera. El ímpetu del Destino Manifiesto se detuvo mientras la industrialización de Estados Unidos refrenaba el afán de adquirir nuevas tierras. Pero fue la abolición de la esclavitud lo que dio el golpe final al filibusterismo que sólo causó muertes, pérdida de propiedades y destrucción. En toda Centroamérica, y sobre todo en Nicaragua y Costa Rica, gestó un sentimiento de recelo hacia Estados Unidos que aún perdura.

Alrededor de cinco mil “voluntarios” se enrolaron en el ejército de Walker entre 1855 y 1857. Por lo menos la mitad de ellos murió en combate o de enfermedades. Por su lado, las muertes de los soldados centroamericanos —calculadas por el general walkerista Henningsen— fueron unos 5,800. Es posible que unos dos o tres mil más hubiesen fallecido a causa del cólera.

En su mayoría, los centroamericanos resistieron a Walker, quien de manera indirecta les hizo cierto bien, porque cuando se dieron cuenta del peligro que representaba el filibustero, las cinco repúblicas se unieron como nunca, y no lo han vuelto a estar desde entonces. Es en esa perspectiva de unidad que se reedita este valioso libro.

 

 
 
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